Me he dado una vuelta con el coche por el Cabo de Roche. Desde allí se ven perfectamente miles de pinos quemados y todavía humeantes.
No he entrado en el pinar para ver cómo ha quedado nuestro rincón favorito, y no creo que vaya en bastante tiempo.
Afortunadamente los enebros marítimos están intactos, esa era otra gran preocupación.
Los bañistas, turistas, conductores de quads, guiris y pijas en minis descapotables siguen con sus vidas.